Una brújula para no perderse: 8 imperdibles de Bienalsur

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Una brújula para no perderse: 8 imperdibles de Bienalsur

Esta nota ofrece una guía para poder apreciar el gran abanico cultural que brinda la primera Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur organizada por la UNTREF: instalaciones, fotografías, color y sonido en diversos espacios y gratis.

“Árbol de los deseos”, de Yoko Ono, en el Museo Nacional de Arte Decorativo

“Árbol de los deseos”, de Yoko Ono, en el Museo Nacional de Arte Decorativo

La primera Bienal Internacional de Arte Contemporáneo de América del Sur (Bienalsur) es un abanico cultural que se extiende a lo largo 84 sedes en 32 ciudades de 16 países, con inauguraciones escalonadas en los distintos espacios, hasta diciembre de este año, con propuestas de más de 300 artistas y el eje central en la ciudad de Buenos Aires. La idea de esta bienal de formato inédito, organizada por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF) despliega un menú tan abrumador como ecléctico y propone de manera virtual y lúdica una nueva cartografía mundial: un mapa -que se reparte a los visitantes en cada una de las sedes- donde el KM 0 se ubica específicamente en el Antiguo Hotel de Inmigrantes, histórico edificio que supo acoger a principios de siglo XX a los recién llegados de todas partes del mundo- y se extiende hasta Tokio, Japón, la sede más lejana de la bienal, a 18 mil kilómetros de distancia del Río de la Plata, una manera simbólica de posicionar al territorio sur como epicentro de la acción en el atlas del arte mundial y de subvertir los parámetros esgrimidos entre los denominados países centrales versus los denominados periféricos. Es resumen, la propuesta busca resaltar el sur y es el territorio de la ciudad de Buenos Aires el que aglomera a treinta de las sedes de la bienal, con propuestas variadas y para todos los gustos. A continuación, un GPS para no perderse los proyectos más destacados que se desarrollan en los límites de la capital argentina, todos con entrada libre y gratuita.

“El ciclo de la intensidad”, de Charly Nijensohn

“El ciclo de la intensidad”, de Charly Nijensohn

1) Charly Nijensohn en el CCK

“El ciclo de la intensidad” se titula la imponente videoinstalación del artista Charly Nijensohn -argentino residente en Berlín- desplegada en el primer subsuelo del CCK (Sarmiento 151), en el antiguo Palacio de Correos. En una sala prácticamente a oscuras, separadas del exterior con negras cortinas, se presenta este filme telúrico, que muestra a un grupo de habitantes -sin actividad, simplemente parados sobre pedestales- en el imponente Salar de Uyuni, en Bolivia. Una idea tan sencilla en apariencia como mostrar a las figuras que se recortan a contraluz, en el horizonte del desierto de sal más grande del mundo, mientras a su alrededor sale el sol, atardece y llega la noche. Es la oportunidad de ver la infinidad de colores -algo casi mágico- que puede llegar a ofrecer un mismo cielo, en un paisaje tan cautivante como emotivo, a 3.600 metros sobre el nivel del mar. La videoinstalación se proyecta en simultáneo en cinco pantallas, tres rectangulares y dos circulares, suerte de ventanas a las que asomarse a un paisaje que pone en contrapunto la posición del hombre ante la inmensidad de la naturaleza.

“Tómame”, en el Museo de Arte Decorativo

“Tómame”, en el Museo de Arte Decorativo

2) Tómame (soy tuyo) en el Museo Nacional de Arte Decorativo (MNAD)

Sin dudas, la exposición “Tómame (soy tuyo)”, traducción del original “Take me (I’m yours)” constituye uno de los puntos más altos de la bienal, por su propuesta, por los artistas que reúne, por el espacio expositivo y por invertir de manera radical las reglas archiconocidas que atañen a cualquier institución museística. Curada por una dupla formada por el alemán Hans Ulrich Olbrist, figura de peso en la escena internacional de arte contemporáneo, y el artista francés Christian Boltanski, la muestra toma por sorpresa al visitante, quien recibirá una bolsa de papel en el ingreso, para que guarde allí todas las obras que quiera y pueda llevarse. La mayoría, pergeñadas por artistas de todas partes del mundo, se exhiben en carritos de supermercado, una imagen inusual en cualquier museo. Así, buscan reflexionar no sólo sobre las reglas del juego puertas adentro de una institución, o sobre las reliquias que allí atesoran, o del permanente “prohibido tocar”, sino también, sobre el consumo que atraviesa a la sociedad actual. En el ingreso, el árbol de los deseos de la japonesa Yoko Ono, invita a escribir en etiquetas de papel una intención y colgarla en alguna de las ramas, como ya se vio en el Malba. Dentro de la sala, hay fragmentos de canciones del rosarino Adrián Villar Rojas, varios textos performativos del escritor Alan Pauls -disponibles en hojas que cuelgan de las paredes en cada sala- y que se interrogan sobre esta misma exposición; una inmensa alfombra de caramelos azules envueltos en celofán del cubano Félix González Torres, o un rompecabezas magnético de Jorge Macchi, titulado “Diáspora”. Cada una de las mil piezas está numerada y firmada por el artista, junto a la leyenda “Tome una y sólo una pieza de este rompecabezas. Llevela a su casa y póngala en la puerta del refrigerador”. Hay tinta y rodillos de esponja para intervenir un gran lienzo, del artista chino Aaajiao, hay galletas de la fortuna. Y también hay deseos desparramados por el piso de la sala, poética idea de la polaca residente en París Angelika Markul, que consiste en un ventilador en funcionamiento, bolsitas plásticas y una instrucción: “Tome una bolsa, llénela con aire, ate firmemente, pida un deseo, déjelo volar con el viento”, exhorta la obra titulada “Gone with the wind”. Es difícil saber cuántas de estas piezas llegarán enteras al cierre de la muestra, prevista para el 5 de noviembre, ya que muchas han comenzado a desaparecer, como la del portugués Artur Barrio (1945, Portugal), quien ofrecía pan, café y botellas de vino, para que el público incorpore “experiencia a su vida”, y que desaparecieron de modo casi instantáneo. “Llévame (soy tuyo)” es un juego, una exposición lúdica y no por eso menos reflexiva, con obras que serán fragmentadas y diseminadas por el hogar de cada uno de los visitantes, bajo la consigna de hacer todo lo que normalmente no se puede en una exhibición. En el museo de Avenida del Libertador 1902.

“Misterios”, de Christian Boltanski, en el Museo Nacional de Bellas Artes

“Misterios”, de Christian Boltanski, en el Museo Nacional de Bellas Artes

3) Christian Boltanski en el Museo Nacional de Bellas Artes

El francés Christian Boltanski (París, 1944), que dio rienda suelta a su rol de curador en esta bienal, es además una de las figuras más importantes del encuentro. Su obra, en el Museo Nacional de Bellas Artes (Avenida del Libertador 1473) se presenta bajo el nombre “Misterios”, una instalación que cobró forma en la chubutense Bahía Bustamante, en la patagonia argentina, donde instaló unos dispositivos sonoros (tres torres de hierro que rematan en unas cornamusas), que se activan aleatoriamente con el viento para establecer un diálogo posible con las ballenas. Un modo de capturar el canto de estos cetáceos y un señalamiento de aquello que está en peligro de extinción. En 2012, Boltanski había presentado en Buenos Aires, la instalación “Flying books”, un homenaje a Jorge Luis Borges en la sede de la calle México de la ex Biblioteca Nacional, como parte de un proyecto que se desplegó en simultáneo en varias sedes porteñas.

“Ventanas”, de Dias y Riedweg, en el Ecoparque (Vieja Confitería del Águila)

“Ventanas”, de Dias y Riedweg, en el Ecoparque (Vieja Confitería del Águila)

4) Biodiversidad en el Ecoparque

Por la particularidad de su ubicación y por sus infrecuentes vecinos -como pavos reales, ñandúes, elefantes, carpinchos y maras- la Vieja Confitería del Águila, dentro del ex zoológico porteño -en proceso de transformarse en un Ecoparque Interactivo- no sólo es uno de los espacios artísticos más flamantes en la ciudad de Buenos Aires, y nueva sede de arte contemporáneo del Museo de la Universidad de Tres de Febrero (MUNTREF), sino también uno de los sitios elegidos para exponer a los artistas de la bienal que trabajan sobre la biodiversidad, el cambio climático y el cuidado del medio ambiente. En este edificio centenario de más de 600 metros cuadrados se encuentran obras del francés Christian Boltanski, la polaca Angelika Markul, el argentino Charly Nijensohn, el brasileño Eduardo Srur, la peruana Fátima Rodríguez, el mexicano Balam Bartolomé, el británico Fredy Dewey, el colectivo mexicano Electrobiota y de la dupla que conforman Mauricio Dias (Brasil) y Walter Riedweg (Suiza), quienes reúnen propuestas que trabajan por ejemplo con la sonoridad de las plantas -en un intento de amplificar el sonido que emiten-, la depredación de la selva o las huellas dejadas por el hombre en el ecosistema. El museo tiene ingreso independiente por avenida Sarmiento.

Muestra de fotos hechas por chicos de la villas 21-24 y Fuerte Apache , bajo la batuta del iraní Reza Deghati. Plaza San Martín.

Muestra de fotos hechas por chicos de la villas 21-24 y Fuerte Apache , bajo la batuta del iraní Reza Deghati. Plaza San Martín.

5) Fotos en Plaza San Martín

La exposición “Voces urbanas”, que se puede ver al aire libre, en la plaza San Martín en Retiro, reúne las imágenes tomadas por chicos de los barrios Villa 21-24 y Ejército de los Andes, popularmente conocido como Fuerte Apache, resultado de los talleres de fotografía que durante tres meses brindó el fotorreportero iraní Reza Deghati -reconocido por sus imágenes de guerra y sus coberturas para la National Geography-, junto a un grupo de fotógrafos locales. Convencido de que las imágenes son creadoras de vínculos entre los individuos (ya que se trata de un lenguaje universal), Reza brindó las herramientas y técnicas para que este grupo de jóvenes alce su propia voz. El resultado es un mosaico diverso y por momentos conmovedor de situaciones cotidianas: una pintada callejera con el rostro del padre Mugica, dos niños jugando con un dinosaurio de plástico, el techo de una vivienda inundado luego del temporal, un canario en una jaula, un compendio de situaciones tan mínimas como poéticas.

Obra de Paola Monzillo en la muestra colectiva “Trazas simultáneas”.

Obra de Paola Monzillo en la muestra colectiva “Trazas simultáneas”.

6) En la embajada de Brasil

La muestra colectiva “Trazas simultáneas”, en el espacio Cultural de la Embajada de Brasil (Arroyo 1130), recibe al espectador con la obra de la uruguaya Paola Monzillo, un almohadón bordado con la leyenda “Este es el territorio que habito” cuyos hilos se extienden hasta la pared para formar el contorno del planisferio mundial: la almohada y todos los continentes como un contrapunto entre lo íntimo y lo global. Curada por Cristina Rossi, la exposición propone justamente reflexionar sobre la presencia del hombre en el ámbito privado y el social. Se suman piezas como “Vendedor ambulante” del brasileño Cildo Meirelles, una pequeña figura con movimiento, confeccionada con mil alfileres, cien ballenitas y una mesa. También hay trabajos de Guillermo Kuitca, Mondongo, Graciela Sacco y Vik Muniz, entre otros.

“Pets”, de Eduardo Srur, en La Boca

“Pets”, de Eduardo Srur, en La Boca

7) Alerta contra la contaminación en La Boca

Dos botellas de doce metros de alto, una naranja y otra verde, flotan sobre el riachuelo, en el barrio de La Boca, a la altura de la Vuelta de Rocha, instalación pública y monumental del artista brasileño Eduardo Srur, que bajo el título “Pets” busca alertar sobre la contaminación de los ríos. Las esculturas flotantes, realizadas enteramente con botellas pet, buscan llamar la atención sobre la cuestión ambiental y son parte de un proyecto emplazado en diversas sedes cuya primera versión se realizó en San Pablo, donde reside el artista. Las esculturas se replican en Puerto Madero y en la ciudad de Rosario, a la orilla del río Paraná.

“Run for the Music”, Obra de Leandro Erlich en el Museo del Tigre

“Run for the Music”, Obra de Leandro Erlich en el Museo del Tigre

8) Leandro Erlich en el Museo de Arte Tigre

En el Museo de Arte Tigre (MAT), el artista Leandro Erlich presenta “Run for the music”, una instalación que consiste una suerte de xilofón musical inmenso, confeccionado con postes de diferentes colores ubicados a lo largo de 60 metros del parque ubicado al ingreso del edificio de Paseo Victorica 972. El título de la pieza es también una instrucción para el espectador: hay que correr y al ir tocando cada una de las “notas” la obra se activa y ofrece -sorpresa- la melodía de la Novena Sinfonía de Beethoven. Para el artista, esta obra apropia y descontextualiza una música que habitualmente se escucha en un ascensor, en la espera del teléfono, o al aprender a tocar el piano. Es que si hay algo que caracteriza a Erlich es colocar la mirada sobre elementos o arquitecturas de la cotidianeidad, a los que se les suele dedicar poco o nada de reflexión, para subvertir su sentido o presencia. Casi siempre acompañada de un acto de ilusión. Basta pensar en el día que hizo desaparecer la punta del Obelisco, cuando en verdad el ápice fue recubierto con una suerte de carcasa espejada de tres toneladas, lo que se convirtió en un emblema de su trayectoria.

Muestra de fotos en Plaza San Martín

Muestra de fotos en Plaza San Martín

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