ARCO, en shock por una denuncia de censura

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ARCO, en shock por una denuncia de censura

Clarin.com

Retiraron una instalación titulada “Presos políticos”, que reflejaba a quienes impulsaron el independentismo catalán.

ARCO, en shock por una denuncia de censura

Una de las 24 fotos, con los rostros pixelados, que fueron levantadas de la muestra / AFP PHOTO / GABRIEL BOUYS

MADRID. AFP, EFE Y CLARIN.

La Feria Internacional de Arte Contemporáneo ARCOmadrid abrió sus puertas con una ardiente discusión: la censura. El debate se disparó luego de que se retirara una instalación del artista madrileño Santiago Sierra titulada Presos políticos en la España contemporánea, horas antes de que sea expuesta. La obra, a través de 24 fotografías en blanco y negro de rostros pixelados, refleja las consecuencias que pesan -en muchos casos, aún la cárcel- sobre quienes impulsaron el independentismo catalán y fueron enjuiciados por violaciones al orden constitucional. Cada imagen está acompañada por una leyenda que explica por qué motivo fue detenido el protagonista.

La empresa pública Ifema, organizadora de ARCO, intentó calmar las aguas con un comunicado que no logró su objetivo. Allí, indicó que solicitó a la galería Helga de Alvear que quite el trabajo de Sierra -a lo que ésta accedió- para evitar una polémica que “está perjudicando la visibilidad del conjunto de los contenidos que reúne ARCOmadrid 2018”.

El concepto de la obra ya había empezado a discutirse en los medios españoles incluso en la previa a la apertura de ARCO y los organizadores apelaron a la necesidad de evitar que los discursos políticos “desvíen la atención”. ¿Acaso no es el propósito del arte despertar un tipo particular de conmoción? Eso se discutía ayer por los pasillos de la feria.

ARCO, en shock por una denuncia de censura

Antes de que las bajen. Las fotografías retratan a políticos y artistas detenidos en los últimos meses.

Sierra, fotógrafo reconocido internacionalmente, denunció sin matices un acto de censura. Y a través de su cuenta de Facebook opinó que el hecho “daña seriamente la imagen de esta feria internacional y del propio Estado español”.

El escándalo generó contrastes. Mientras que la propia galerista Helga de Alvear evitó usar la palabra censura y se limitó a decir: “Supongo que alguien no quiere tener jaleo con Cataluña”, el Ayuntamiento de Madrid -que tiene una participación en la dirección de Ifema- mostró en un comunicado su rechazo a la decisión, explicando que “defiende la libertad de expresión y de creación por encima de todo”. Para sumar otro ingrediente, en medio de las discusiones acaloradas, la galería anunció que había logrado vender la instalación a un coleccionista privado por un valor de 80 mil euros.

Hoy a primera hora, luego del descuelgue de los cuadros, impactaba ver una pared en blanco en medio del convocante encuentro de arte contemporáneo. Luego, mientras las declaraciones al rojo vivo seguían, se anunció que en ese espacio se colgarían otras fotos, en este caso del artista alemán Thomas Ruff.

En concreto, Presos políticos en la España contemporáneapresenta imágenes de personas en prisión o que han sido encarceladas y liberadas recientemente por expresar sus ideas, según la mirada del artista.

El artista consideró que la decisión “daña seriamente la imagen de esta feria internacional y del propio Estado español”.

Aunque no aparecen nombres propios, los textos aclaratorios permiten entender a quiénes pertenecen. Entre distintas personalidades, también figuran quienes están ajenos al conflicto catalán, como dos titiriteros que estuvieron bajo custodia policial y en prisión preventiva a causa de un espectáculo por el que fueron acusados de hacer apología del terrorismo, al evocar a la organización separatista vasca ETA y a Al Qaeda.

Pero una clave en la polémica es que la pieza incluye al ex vicepresidente catalán Oriol Junqueras, en prisión preventiva desde hace más de tres meses, investigado por rebelión y sedición en conexión con el fallido intento secesionista de octubre pasado.

Mientras que los independentistas definen como presos políticos a muchos de sus dirigentes que fueron encarcelados -algunos ya recuperaron la libertad-, el gobierno central mantiene el argumento de que se trata de “políticos en prisión” por haber quebrantado procesos constitucionales. Ayer, las autoridades nacionales españolas se desvincularon -llamativamente- de una injerencia en el retiro de la obra de Sierra, aunque el secretario de Cultura, Fernando Benzo, aprovechó para señalar que “en España no hay presos políticos”.

En el marco de la polémica, el propio director de ARCOmadrid, Carlos Urroz, calificó la medida como “idea malísima” y dijo que partió de la cúpula de la empresa organizadora, Ifema. Ante los medios españoles, no obstante, jugó al equilibrio: “Las galerías son espacios privados, tienen la libertad de poner lo que quieran y de quitarlo y la decisión es de Helga de Alvear. El presidente (de Ifema) le ha pedido una cosa y Helga ha accedido. No sé si es censura”.

Sierra, por su parte, recalcó que el reitro de la obra no sólo constituye una falta de respeto hacia él y su galerista, sino también hacia la madurez e inteligencia del público. Y añadió que ese acto da “sentido y razón a una pieza como ésta, que precisamente denunciaba el clima de persecución que estamos sufriendo los trabajadores culturales en los últimos tiempos”.

Perfil de un artista acostumbrado a la polémica

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Foto Santiago Sierra

Madrid, 1966. Santiago Sierra es licenciado en Bellas Artes y fotógrafo. Expuso en algunos de los museos más importantes del mundo, como el MoMA de Nueva York. Su obra hace eje en las reivindicaciones sociales y en el arte político. Abordó el racismo, las injusticias de las relaciones laborales y el tema de los refugiados. Entre otros montajes polémicos, se cuenta una sinagoga convertida en cámara de gas, en el marco de la muestra 245 metros cúbicos (Alemania, 2006), que despertó fuertes enojos. Para el Pabellón de España en la Bienal de Venecia 2003 ideó una obra que exigía presentar el DNI de su país para entrar al recinto. En 2010, recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas español, pero lo rechazó.

 

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