Los museos exhiben a los clásicos junto a artistas actuales

el

Los museos exhiben a los clásicos junto a artistas actuales

La historia se combina con lo contemporáneo.

“Untitled (Beauty Queen)”, una obra de 2014 de Kerry James Marshall, a la izquierda, “Retrato de Cornelia Vooght”, de Frans Hals (Cortesía del artista y David Zwirner; Frans Hals Museum, Haarlem; Gert Jan van Rooij).

“Untitled (Beauty Queen)”, una obra de 2014 de Kerry James Marshall, a la izquierda, “Retrato de Cornelia Vooght”, de Frans Hals (Cortesía del artista y David Zwirner; Frans Hals Museum, Haarlem; Gert Jan van Rooij).

Por Nina Siegal

HAARLEM, Países Bajos — Frans Hals, retratista de la Edad de Oro neerlandesa de comerciantes adinerados y bribones alegres, fue popular y exitoso en vida, pero antes de morir, pasó de moda. Sus pinceladas imprecisas y enérgicas eran demasiado toscas para el siglo XVIII. Pero los impresionistas lo redescubrieron en el siglo XIX y lo restablecieron como un maestro moderno.

"Joven pareja", de Tullio Lombardo, de alrededor de 1505, junto a una obra de Félix González-Torres de 1987-1990 (Museo Kunsthistorisches; la Fundación Félix González-Torres, vía Galería de Andrea Rosen).

“Joven pareja”, de Tullio Lombardo, de alrededor de 1505, junto a una obra de Félix González-Torres de 1987-1990 (Museo Kunsthistorisches; la Fundación Félix González-Torres, vía Galería de Andrea Rosen).

Hoy, Hals figura junto con sus compatriotas Rembrandt y Vermeer en el panteón de la historia del arte, pero Ann Demeester, directora del Museo Frans Hals, en Haarlem, prefiere verlo como una figura “transhistórica” cuya influencia salta a través del tiempo al arte contemporáneo.

Es por ello que exhibe obras destacadas de la colección permanente del museo de pinturas de Hals y otras de la Edad de Oro junto a obras de artistas vivos como Nina Katchadourian, Shezad Dawood y Anton Henning en “Rendezvous with Frans Hals”(Encuentro con Frans Hals), en exhibición hasta fines de septiembre. Espera demostrar que los artistas de hoy aún se inspiran en el legado de hace 350 años de Hals.

“Transhistórico” es una palabra de moda en los círculos curatoriales hoy, mientras los museos buscan nuevas formas de encender el interés en el arte más antiguo. Mezclar lo viejo y lo nuevo atrajo el interés de coleccionistas en ferias de arte, y las casas de subastas también lo hacen: Christie’s vendió “Salvator Mundi” de Leonardo da Vinci en una venta de arte contemporáneo el año pasado en 450 millones de dólares.

“Lo que trata de hacer es decir que la historia vive”, señaló Sheena Wagstaff, del Museo Metropolitano de Arte en Nueva York, de la tendencia transhistórica.

“Con una combinación de la historia y el arte contemporáneo, podemos revelar algunos de los enigmas al centro del gran arte”, dijo Wagstaff, que supervisa el Met Breuer, la rama de arte moderno y contemporáneo del museo.

La exposición “Like Life: Sculpture, Color and the Body (1300-Now)” del Breuer, en exhibición hasta el 22 de julio, echa un vistazo no cronológico a 700 años de esculturas del cuerpo humano.

La muestra, que incluye no sólo artes plásticas, sino también efigies de cera y modelos anatómicos, abre con una escultura hiperrealista de Duane Hanson de 1984, salta de una escultura del siglo XV de Donatello a una obra del Renacimiento español de El Greco, y yuxtapone un androide moderno con una efigie del siglo XIX de Jeremy Bentham, hecha con los huesos del filósofo británico.

“La idea con esta muestra era abrirla y expandir más el canon”, afirmó Wagstaff.

James Bradburne, director de la Galería de Arte Brera en Milán, dijo que la tendencia transhistórica es simplemente un término nuevo para lo que los curadores siempre han hecho: “tratar de regresar a la gente al momento en que el arte era contemporáneo”.

El Museo Kunsthistorisches en Viena, cuya colección permanente incluye arte del Egipto antiguo hasta 1800, pidió prestadas 22 obras del arte contemporáneo para “The Shape of Time”, que dura hasta el 8 de julio. Una figura desnuda que se cubre parcialmente, del pincel de Peter Paul Rubens de 1636-38, por ejemplo, es presentada junto a un desnudo frontal de principios de los años 70 de Maria Lassnig.

“Me gustaría pensar que extraemos todas las ideas, las preocupaciones, las pesadillas y los sueños que están sepultados en todas las obras históricas que tenemos”, afirmó Jasper Sharp, curador del programa de arte moderno y contemporáneo del museo.

La palabra de moda entre los curadores es “transhistórico”.

Pero algunas elecciones resultaron arriesgadas. Los amantes del arte respondieron en Instagram a la yuxtaposición de un autorretrato de Rembrandt y una pintura de un campo de color de Mark Rothko.

“La mitad de ellos decía, ‘esto es pésimo’, o ‘Rembrandt debe de estar dando vueltas en su tumba’”, indicó Sharp. “Algunas de las conexiones se hacen instantáneamente; pero otras precisan de una contemplación más sostenida”.

© 2018 The New York Times

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s