Las esculturas también mueven el mercado del arte

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Las esculturas también mueven el mercado del arte

En el mundo, las esculturas llegan a precios millonarios. Qué pasa en el mercado local.

La doble escultura del colombiano Fernando Botero, "Adán y Eva", formada por dos figuras de bronce de más de tres metros de altura, se subastó en marzo en Londres por 2,9 millones de dólares. Foto: EFE

La doble escultura del colombiano Fernando Botero, “Adán y Eva”, formada por dos figuras de bronce de más de tres metros de altura, se subastó en marzo en Londres por 2,9 millones de dólares. Foto: EFE

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Gabriela Samela, Clarin.com

Durante esta última década, el mercado del arte es testigo de un renovado interés por la escultura. Artistas como Alberto Giacometti —cuya obra L’homme au doigt (El hombre que señala) se convirtió en la escultura que mayor precio alcanzó en subasta al venderse por US$141,28 millones en 2015 en Nueva York— o Henry Moore —cuya pieza Reclining Figure: Festival (Figura reclinada: festival) fue subastada por US$33,4 millones en Londres, en 2016— son ejemplo de este fenómeno a nivel global.

Hace un año, 20 esculturas rematadas en dos noches en Nueva York recaudaron US$128 millones y, según consignó el coleccionista y marchand Ignacio Gutiérrez Zaldívar en El Cronista, la participación de la escultura en las ventas totales del mercado del arte pasó del 15% al 28%.

La muestra "José Fioravanti: entre lo épico y el sueño", en el Museo de Arte Tigre, es la primera en 40 años del escultor del Monumento a la Bandera. Aquí, "La Patria del Amor y la Fraternidad", una de sus figuras.

La muestra “José Fioravanti: entre lo épico y el sueño”, en el Museo de Arte Tigre, es la primera en 40 años del escultor del Monumento a la Bandera. Aquí, “La Patria del Amor y la Fraternidad”, una de sus figuras.

En la Argentina, el del arte es un mercado chico: la temporada de subastas 2017 cerró con una facturación total de US$13,4 millones, según datos de Estimarte.com. Y, en ese contexto, la escultura podría considerarse un nicho que tiene, sin embargo, sus seguidores y coleccionistas.

“Hay un interés de los museos de afuera por completar sus colecciones de arte latinoamericano y hay una especial atención a una camada de artistas que produjeron obra en la segunda mitad del siglo XX”, dice Tulio Andreussi, economista y coleccionista de arte, que rescató una colección de 200 yesos de José Fioravanti y sostiene la casa museo de Magda Frank, escultora nacida en Hungría en 1914, que pasó sus últimos años en la Argentina, donde murió en 2010.

“El mercado es chico, pero existe: tenemos compradores de escultura a nivel local y en San Telmo se ven también turistas que se interesan por esculturas antiguas”, señala, por su parte Guido Calvaresi, quien en una de las salas de su galería de la calle Defensa tendrá todo este año esculturas de Magda Frank y Pablo Curatella Manes (1891-1962), cuya obra Guitarrista, de 1914, se vendió en 2008 a US$156.940 en un remate local.

Cascade, de la escultora argentina Alicia Penalba (1913-1982), se vendió en la subasta de arte latinoamericano de Christie’s Nueva York, en noviembre pasado.

“Cascade”, de la escultora argentina Alicia Penalba (1913-1982), se vendió en la subasta de arte latinoamericano de Christie’s Nueva York, en noviembre pasado.

Tradicionalmente, la escultura se vende en menos proporción que la pintura, 2 cada 10, según Andreussi. Y quienes coleccionan escultura “ya coleccionaron antes otra cosa”, dice Calvaresi. “La mayoría arranca comprando un cuadro”.

Sin embargo, es posible iniciarse con la escultura, sobre todo empezando por piezas pequeñas. “Los artistas hacen series de miniaturas, por ejemplo, 50 obras, y eso puede tener un valor de acceso bajo, entre $3.000 y $5.000”, ejemplifica Calvaresi.

Para Andreussi, ahora es un buen momento para comprar obra “porque se compra a bajo precio: dentro de cinco años no se va a poder comprar nada”. Y agrega: “En la escultura todo está por hacerse. La pintura está próxima a arrancar y la escultura va a acompañarla”.

Para el coleccionista, se trata de que se quiebre el récord actual, que pertenece a la obra pictórica Concierto, de Emilio Pettoruti, subastada en 2012 en Christie’s en US$800.000, lo máximo pagado jamás en una subasta por una obra de artista argentino.

Entre los artistas de la segunda mitad del siglo XX que despiertan interés, Andreussi señala a Alicia Penalba (1913-1982) —cuya obra pudo verse en una gran muestra en el Malba en 2016-2017— y Martín Blaszko (1920-2011), entre otros.

José Fioravanti (1896-1977) y Alfredo Bigatti (1898-1964) fueron los dos grandes escultores argentinos del siglo XX: compartieron una obra emblemática, el Monumento de la Bandera. Los yesos de algunas de las figuras de Fioravanti pueden verse en una muestra del Museo de Arte Tigre hasta julio.

De América latina, el escultor que mejor cotiza es Fernando Botero: Adán y Eva se subastó en marzo por casi US$3 millones en Londres.

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