Chagall: los años de formación, en el Guggenheim de Bilbao

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Chagall, 1911: la forja de un pintor

El Museo Guggenheim de Bilbao inaugura una exposición dedicada a los años de formación del artista ruso de origen judío, en los que la vanguardia parisina jugó un papel decisivo

FERNANDO DÍAZ DE QUIJANO | 01/06/2018


Marc Chagall: Autorretrato, 1914. Colección Im Obersteg, préstamo permanente al Kunstmuseum Basel 2004, Inv. Im 1081 © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018 / Marc Chagall, h. 1910/1911 © Archives Marc et Ida Chagall

Marc Chagall tenía 24 años cuando París le cambió la vida. La capital francesa era en 1911 el epicentro de las vanguardias artísticas y el joven pintor ruso de origen judío, aún en formación, llegó allí procedente de la pequeña ciudad de Vitebsk y se quedó tres años en los que absorbió todas las influencias que pudo sin adherirse a ninguna corriente en particular. Fue una etapa en la que experimentó con los colores, las formas abstractas y geométricas, el movimiento y sus propias ensoñaciones, configurando la base de un estilo ecléctico, colorista e imaginativo que desarrolló a lo largo de su longeva y exitosa carrera artística.

Aquellos años de formación de Chagall protagonizan una exposición inaugurada este viernes en el Museo Guggenheim Bilbao con el título Chagall. Los años decisivos, 1911-1919. Organizada por el Kunstmuseum de Basilea (Suiza) en colaboración con el museo bilbaíno y con el patrocinio de la Fundación BBVA, la muestra recoge 86 pinturas y dibujos, un número de obras que su comisaria, Lucía Agirre, considera muy elevado teniendo en cuenta lo reducido de la franja temporal que abarca la exposición (las últimas retrospectivas que han abarcado su extensa producción presentaron alrededor de 150).

“En esta época es cuando se forja el Chagall que todos conocemos”, explica Agirre a El Cultural. “En 1911 descubre el cubismo y el orfismo en el Salón de Otoño y otros eventos artísticos de París”. Antes de eso, Chagall había estudiado con Yuri Pen en su Vitebsk natal y más tarde con León Bakst en San Petersburgo, una ciudad en la que solo se permitía la entrada a aquellos judíos que contaban con un permiso especial. En aquella época Chagall realiza dibujos y pinturas sobre la vida en la comunidad judía y en las que se aprecia la importancia del arte popular ruso y un llamativo uso del color que potenciaría aún más a raíz de su estancia parisina. De estos años son cuadros como Mi prometida con guantes negros (1909), El barrendero y el aguador (1910-11) o los dibujos dedicados a su familia.

Con el apoyo económico del mecenas y abogado judío Maxim Vinaver, que luchó por los derechos de su comunidad, Chagall pudo establecerse y subsistir en París, donde pronto se instala en La Ruche, la “colmena” del barrio de Montparnasse donde se concentraban artistas y bohemios llegados de todas partes. Allí “experimenta la liberación del color y de la luz y crea su propio lenguaje, tomando de cada ismo lo que le interesa”, señala la comisaria.

Marc Chagall: El vendedor de ganado, 1912. Kunstmuseum Basel, adquirido en 1950 con una aportación del Dr. h.c. Richard Doetsch-Benziger, Inv. 2213 © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018

En París establece contacto con la obra de Picasso, de Robert y Sonia Delaunay o Jacques Lipchitz, y entabla amistad con el poeta Guillaume Apollinaire, -“su gran valedor en París”, apunta Agirre-, el poeta y novelista suizo Blaise Cendrars, el periodista y dramaturgo italiano Ricciotto Canudo y el galerista alemán Herwarth Walden. Chagall escribió sus nombres en Homenaje a Apollinaire, un cuadro cuyo núcleo central es el nacimiento de Adán y Eva según la tradición judía. De esta época son también obras como La habitación amarilla(1911), Yo y mi aldea (1911), El vendedor de ganado (1912) o París a través de la ventana (1913).

Walden fue quien exportó la obra de Chagall desde París. En su galería de Berlín le organizó en 1914 su primera exposición individual, con 40 pinturas y 160 dibujos y acuarelas realizadas en la capital francesa, que causan una gran impresión entre los expresionistas alemanes. Días después de su debut en Berlín, Chagall regresa a Vitebsk para asistir a la boda de su hermana y quedará atrapado en Rusia durante ocho años a raíz del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Aunque se suele calificar la pintura de Chagall como soñadora, e incluso naïf, Agirre recalca que en su obra tienen una importancia capital historias reales que el propio artista vivió o conoció de primera mano, y en este sentido la contienda mundial deja una impronta muy fuerte en cuadros como Soldados, La partida a la guerra o El soldado herido, todos ellos pintados en 1914, año en que estalla la conflagración, y con un estilo más sobrio que los de su etapa parisina.

Marc Chagall: Judío en negro y blanco (detalle), 1914. Colección Im Obersteg, préstamo permanente al Kunstmuseum Basel 2004, Inv. Im 1084 © Marc Chagall, Vegap, Bilbao 2018

En su regreso a Rusia, Chagall también pintó temas relacionados con la vida cotidiana, en los que a menudo aparece su esposa, Bella Rosenfeld, caso de los icónicos El cumpleaños (1915) y Paseo (1917-18), donde el pintor “vuela” a Bella como si fuera una cometa. Además recuperó como tema para sus cuadros la identidad y el folclore judíos. Obras destacadas de este periodo son los judíos en verde, rojo y blanco y negro, conocidos erróneamente como “Cuatro grandes rabinos”, reunidos en esta exposición del Guggenheim de forma excepcional, ya que tres de estas obras se encuentran depositadas en el Kunstmuseum Basel, mientras que Judío rojo (1915) forma parte de las colecciones del Museo Estatal Ruso de San Petersburgo.

Con la llegada de la Revolución bolchevique, Chagall se adhirió a ella como tantos otros judíos que la vieron como una oportunidad para erradicar la desigualdad que sufrió su pueblo durante el zarismo. En 1918 fue nombrado Comisario de las Artes en Vitebsk, lo que le da autoridad sobre los museos, escuelas de arte y eventos artísticos de la región. Allí fundó la Escuela del Pueblo del Arte, a la que invita a formar parte a artistas como Lissitzky y Malévich, pero pronto surgieron las desavenencias, especialmente con este último, y Chagall deja Vitesbk junto a su familia y se instala en Moscú. Finalmente, en 1923 Chagall abandonaría para siempre Rusia, aunque no lo hizo, recalca Agirre, por motivos políticos, sino porque era su deseo postergado durante años. “Él siempre dijo que no era un exiliado, sino un emigrado”, señala la comisaria. Chagall se instaló de nuevo en su querida París, ya como pintor consagrado.

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