Yves Klein: El artista que inventó un azul propio para llenar el vacío

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Fundación Proa, Buenos Aires. Del 18 de marzo al 31 de julio de 2017
Mercedes Pérez Bergliaffa, par Clarin

Amante del judo, amante de la espiritualidad y exótico pintor monocromo (siempre pintaba con un solo color), al famoso artista francés Yves Klein se lo reconoce especialmente por crear parte de su obra con un color específico: el azul. Klein realizó cantidades de trabajos monocromáticos solamente con azul. Hasta se bautizó un color, el “azul Klein”, en su honor. Un color que podríamos sospechar signó su vida: el mismo azul que lo fascinó como para crear obras estrellando modelos desnudas pintadas de azul contra las telas de los bastidores (las modelos serían algo así como “pinceles vivientes, desnudos”), un azul que más tarde lo llevaría a marcar la historia del arte, también fue la causa de su muerte: Klein murió por envenenamiento gracias a la composición química y venenosa de ese color, el “azul Klein”.

Desde el sábado de la semana próxima, en la Fundación PROA podrá verse, por primera vez en la Argentina, un gran conjunto de sus obras con el título Un salto al vacío. Yves Klein y el nuevo arte del siglo XX. Son más de 70 obras y 100 documentos personales que proceden del Archivo Klein, en París. Es una muestra de carácter retrospectivo; más pequeña que la realizada en el Centro Pompidou de París en 2006, pero muy significativa. Aquí en la Argentina, la única institución que conserva trabajos de este artista singular es la Fundación Klemm. El fallecido Federico Klemm había comprado, en su momento, una obra maravillosa pintada con el famoso y profundo azul.

Incluyendo sus primeras pinturas monocromáticas, las pinturas de fuego (Klein utilizaba lanzallamas y modelos para “pintarlas”, e inmediatamente tenían que acudir los bomberos a ayudar en su “finalización”); la serie de las Cosmogonías; las Esculturas Esponjas y los trabajos en oro, entre otros, podría decirse que la exposición de Proa brindará un panorama exhaustivo sobre este personaje original, heredero del neodadaísmo, artista conceptual y de acción antes que pintor, figura influyente para los artistas de la performance y del arte minimalista de la mitad del siglo XX. El curador de la muestra, Daniel Moquay –responsable de los Archivos Klein en París- habló con Clarín sobre la exposición que se inaugurará en PROA. Moquay, además, está casado con la viuda de Klein, Rotraut Klein-Moquay.

Klein se preguntaba: “¿No será el artista del futuro (por ejemplo, el de los años 2000) quien exprese a través de un eterno silencio una pintura inmensa que no tenga dimensiones? Es necesario crear y recrear una fluidez física constante en orden a recibir la gracia que permita una creatividad positiva del vacío”. Klein se hacía, entonces, preguntas conceptuales, espirituales, sobre la propia acción, significado y objetivos de pintar: realizaba una pintura de acción con trasfondos reflexivos, en las que tanto lo que pintaba como el acto de pintar tenían la misma importancia.

-¿Existió una “revolución azul”, a partir de Klein y de su “azul Klein”?

-No lo sé. Sí puedo decirte que la carrera de Klein duró solamente siete años. Fue super corta. Comenzó verdaderamente en 1955. Y la primera cosa que creó Klein fueron los monocromos: pinturas monocromáticas en azul, todas del mismo tamaño, que él quería vender a distintos precios a pesar de ser todas similares. Ante esto, la gente decía: “¿Pero qué es ésto? ¿Es un chiste? ¿Es un juego? ¡Si son todas las mismas pinturas! Por supuesto que ninguna era igual: tenían su personalidad.

-¿Cuál fue la importancia de esta obra monocromática de Klein, a nivel histórico y conceptual?

-Probablemente el trabajo de Klein ha significado una especie de liberación para otros artistas, quienes se sintieron aliviados al ver que existía un hombre que tenía el coraje de hacer una pintura monocroma y nada más. Para la fecha en que Klein hacía esto (fines de los años ‘50) tomar estas decisiones artísticas respecto de la obra era un poco difícil. También creo que no se trata del color. En Klein se trata del vacío.

-Hubo otros artistas que crearon obras monocromáticas con anterioridad. ¿Por qué piensa que Klein fue tan fundamental?

-En los años de las dos guerras mundiales, y aun en los años ‘20, nadie conocía a Kazimir Malevich, por ejemplo, porque su obra estaba en Rusia y era regulada. No era como ahora, que los artistas viajan seguido, que todo se conoce rápido… Por eso cuando Klein hizo su exposición de monocromos en 1957 el éxito fue total. El artista italiano Piero Manzoni, por ejemplo, no hacía pinturas monocromáticas antes de haber visto las de Klein. Por lo tanto, si no hubiera existido Klein, Manzoni -un artista importante- tampoco hubiera existido.

-¿Cuál fue el impacto de las pinturas azules de Klein cuando las creó en los años ‘50?

-En enero del ‘57, Klein hizo una muestra en Milán, después otras dos en París. Después otra en Alemania, y luego otra más en Londres. Te puedo asegurar que en aquel tiempo no había otro artista que hiciera exposiciones así, tan seguidas, y en varios países. En este caso fue un fenómeno. ¿Y para qué? ¡Sólo para enseñar monocromos!

-¿Por qué tenían tanto éxito esta pinturas azules? ¿A qué se debía?

-No tengo la menor idea. Pero sí puedo decir que han tenido un éxito terrible, enorme, no ya sobre los coleccionistas, pero sobre todo en otros artistas. Sin Klein no existiría el Grupo Zero, por ejemplo, que se hizo alrededor de Klein. Son los artistas, quienes hicieron a Klein. Ni los coleccionistas ni los museos lo hicieron.

-¿Qué fue lo más importante en su producción?

-Seguramente ha sido el concepto de lo inmaterial. Klein primero trabajó en torno al concepto de monocromo, luego el del vacío. Y esto es simple, doy un ejemplo: el pintor vivió unos días dentro del interior de la galería en donde exponía, para pintar y dar vuelta por ahí. En este caso pintó todo de blanco. Consideraba que el lugar se llenaba de su emoción, de su espíritu. Cuando pensó que el espacio ya le pertenecía, justo al cumplir 30 años, dijo: “Ahora podemos abrir las puertas y dejar entrar al público”. Por supuesto, el público se mostró sorprendido y desconcertado. Pero si existe un artista que sólo pinta cuadros monocromos, ¿por qué no puede pintar todo el lugar de blanco?, se dijeron. La pintura también tiene una sensibilidad propia.

El color que le dio sentido y le quitó la vida

Yves Klein vivió sólo 34 años: la leyenda cuenta que murió envenenado por el “azul Klein” (International Klein Blue, lo patentó en 1960), un pigmento especial, opaco, con un cuerpo diferente al de otras pinturas; con una materialidad y espesor singulares. Aunque la causa específica de su muerte fue un tercer ataque cardíaco.

Hijo de padres artistas (su madre fue una pintora abstracta y su padre, un pintor figurativo), Klein nació en 1928 en Niza, Francia, y murió en 1962 en París. Quedó categorizado -dentro de la historia del arte- como un artista que borró los límites entre la escultura, la pintura y el arte de acción.

Esto se podrá ver en Fundación PROA, con el auspicio de la Embajada de Francia, desde la semana próxima. Están sus “pinturas de fuego” por ejemplo, y sus “Antropometrías”, en las que Klein “movía” (pintaba) sobre la tela de un cuadro a mujeres desnudas impregnadas de azul: eran sus pinceles. El artista “Imprimía” con ellas bastidores o grandes superficies de papel; es decir, despersonalizaba y desmaterializaba el objeto artístico.

Precursor del happening con la realización de sus Antropometrías en público, el “Salto al Vacío”, el proyecto de iluminación del Obelisco de la plaza Concorde, entre otros proyectos que integran la exposición, a partir de documentos y registros de los Archivos del artista.

Uno de los rasgos relevantes de Klein es su interesante búsqueda espiritual: de joven fue seguidor de la Orden Rosacruz y más tarde, junto a la práctica profesional del judo (fue cinturón negro y vivió 15 meses en Japón), se interesó por el budismo zen y las filosofías orientales.

Por el toque provocador y de “espectáculo” de algunas de sus performances, ciertos investigadores catalogan a Klein como un “bromista crítico”, comparándolo, en ese sentido, con Marcel Duchamp. Sus acciones y su azul ultramarino irrumpieron en una Europa desolada, gris y destruida por la Segunda Guerra Mundial. En ese escenario y aún hoy el “azul Klein” hipnotiza y transporta a una dimensión singular.

La muestra estará hasta el 31 de julio y PROA desarrollará un programa paralelo, con charlas y actividades diversas.

 

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