Xul Solar: el artista total que inventó mundos utópicos

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JULArt te lleva este Domingo 2 a recorrer la muestra y descrubir a esta gran artista argentino, en el Museo Nacional de Bellas Artes

Clarin.con Por Ezequiel Viéitez

De mirada racional, pero a la vez subconsciente. Astrólogo, místico de una religiosidad universal y “escribidor”, como él mismo se definía. En el caso del artista argentino Xul Solar (1887-1963), la idea común de que un creador no puede ser reducido a una mera clasificación se vuelve incuestionable. Pintó, investigó la lengua y creó idiomas imaginarios, buscó cambiar la manera de escribir música y, al mismo tiempo, llevó el lenguaje musical a sus acuarelas. Creó cartas del tarot propias y una versión personal del I-Ching. Un revolucionario que usó otras armas.

Para celebrar los 130 años de su nacimiento, este martes quedará inaugurada la muestra Xul Solar. Panactivista, en el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA), que reúne más de 180 obras entre acuarelas, témperas, objetos, máscaras, manuscritos, ilustraciones y documentos personales. Una reproducción de gran tamaño de su carta astral, hecha por el artista, da inicio a la muestra. La exposición reúne trabajos que pertenecen a la Fundación Pan Klub-Museo Xul Solar, al Museo Nacional de Bellas Artes y a colecciones particulares.

En una conferencia en 1965, Jorge Luis Borges, uno de sus grandes amigos -tema que explora la muestra-, lo había evocado: “La mayoría de la gente vive, vivimos aceptando la realidad y Xul, en cambio, no aceptaba la realidad. Xul creía que la Creación no era algo que había ocurrido una vez en el primer capítulo del Génesis, sino que la Creación continuaba continuamente (…). Y Xul creía que nuestro deber era modificar y desde luego mejorar ad infinitum la realidad”.

La curadora Cecilia Rabossi, amplía esa descripción: “Yo lo defino como un artista total. No se puede plantear la obra plástica separada de todas sus invenciones. Por ejemplo: modifica el tablero del ajedrez y hace el ‘panajedrez’, un juego que permite combinaciones infinitas”. Y explica las peculiaridades de la propuesta que, con entrada gratuita, continuará hasta el 18 de junio: “El espectador conoce la obra plástica de Xul, pero lo que verá ahora es la fusión entre campos diferentes, de los títeres que creó hasta los instrumentos musicales”.

La muestra, que tomó como base el extenso catálogo del artista realizado por Patricia Artundo, está en la planta baja del museo, dividida en seis ejes temáticos. En un marco minimalista, entre sus obras, se puede escuchar la propia voz del artista en uno de los espacios, o repasar, auriculares de por medio, una conferencia que le dedicó Borges.
En el primer trayecto, se detalla su vinculación con Leopoldo Marechal en pasajes de la novela Adán Buenosayres en que aparece el pintor. Muy cerca, el público puede tocar la reproducción de un libro único: un ejemplar de El idioma de los argentinos (1928), de Borges, ilustrado con seis viñetas en acuarela que realizó Solar. En ese espacio, se aprecian sus colaboraciones en revistas de vanguardia, como Martín Fierro, y escritos .

También, se ve el testimonio artístico que legó su fuerte vínculo con Emilio Pettoruti, a quien conoció durante sus doce años en Europa. Iniciado en el esoterismo por el ocultista inglés Aleister Crowley, quien le transmitió un método para llegar a visiones espirituales del que se nutriría, en uno de los espacios sorprende un cuadro llamativo y de gran tamaño: 7 Rishis, en témpera y gouache sobre papel, con un buda flotante que irradia a otros maestros sobre el campo. Lo realizó como figura para meditar, en el marco de una hermandad mística en la que participaba.

“Xul intentó, por todos los medios, modificar los sistemas existentes con el fin último de alcanzar la unidad global”, resalta en el texto de la muestra el director del Bellas Artes, Andrés Duprat. El universalismo nunca dejó de alimentarlo.

El recorrido, lleno de colores brillantes, de imágenes de ensueño y de figuras que en algunos casos parecen jeroglíficos, como una rara unificación entre lo complejo y lo simple, permite descifrar esas preopcupaciones. Hacia 1927 había comenzado a trabajar en la transformación de las notaciones musicales, para facilitar su aprendizaje. Con el mismo plan, modificará instrumentos como el piano, simplificando el teclado. “Puede estudiarse en la tercera parte del tiempo”, explicó alguna vez.

Inventará dos idiomas, presentes en la exposición. Uno de uso continental, el “neocriollo”, basado en la unión del español y el portugués, con la utopía de unir el habla latinoamericana. Además, la “panlengua”, monosilábica, sin gramática, de inspiración egipcia y creada sobre una base numérica, astrológica y colorida.

Con sus grafías o plastiútiles, una mixtura entre la pintura y la escritura, dibujará imágenes enigmáticas vinculadas con los astros y con una moral universal que requiere interpretación del espectador. Incansable, también propuso reemplazar el sistema decimal de numeración por uno duodecimal. Y soñó, como describen los cuadros de la muestra, con ciudades utópicas y mágicas.

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