Yuyo: de la colección privada de Jorge Perez al PMM

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En casa de Jorge Pérez

Yuyo Noé, con su obra, en la colección privada del magnate

Como cada año, el coleccionista compartió su patrimonio artístico. La estrella del desayuno fue el pintor argentino.

Yuyo Noé, con su obra, en la colección privada del magnate

Yuyo Noé en la casa de Coconut grove, ubicado en el muro principal de la sala de recepción.

Como cada año durante la feria Art Basel Miami Beach, el desarrollador y coleccionista Jorge Pérez abre su residencia, en un barrio cerrado de Coconut Grove, para compartir su colección privada y ofrecer un desayuno a artistas, curadores y críticos del mundo entero. Se trata de un evento esperado, al que asisten él y su mujer y las autoridades del Pérez Art Museum de Miami, y que permite acceder a todos los cuartos de la mansión, de estilo colonial caribeño, con tiempo suficiente para demorarse en apreciar este museo personal. La estrella de este jueves, sin embargo, fue el pintor Luis Felipe Noé, cuya obra ocupa la primera gran pared del hall de entrada.

El empresario y coleccionista – de origen argentino, hijo de cubanos y desde hace décadas uno de los dos grandes constructores de la Florida- compró la obra “De visita en este mundo” en 2017. La noticia fue dada a conocer hace unos meses y celebrada en Puerto Madero, donde Pérez y el grupo constructor The Related Group levantan dos torres residenciales de treinta pisos, con el sello lujoso de SLS. Ahora la obra de Yuyo Noé se luce en la antesala de su destino final; todo sugiere que luego de colgar en la casa, pasará a integrar la colección del Pérez Art Museum de Miami. Nacido en 1933 en Buenos Aires, Noé es desde hace décadas una figura central de la historia del arte argentino. Integró el crucial movimiento vanguardista de la Nueva Figuración, junto con Ernesto Deira, Rómulo Macció y Jorge de la Vega, pero siguió su propia evolución artística con su propio carácter. Este ha ido un año de excepcional cosecha para él: el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran exposición, “Mirada prospectiva”, en la que desplegó una vida entera consagrada a la pintura y la reflexión teórica sobre su oficio. Tan pronto como 1965, en su libro Antiestética, el pintor perfiló el lugar central y generativo del caos en su obra, concebido como dinámica de un permanene cambio, en vez de como desorden que clama por una normalización. El concepto atravesará toda su obra y se aprecia en esta gran pintura mural de 2005, de acrílico y tinta sobre papel, es decir, hecha a sus vitales 72 años y que ahora dialoga con las dos sillas y una tela del grupo Art & language.

Al desayuno de Pérez este año se sumaron el director de ARCOmadrid, Carlos Urroz, los galeristas Orly Benzacar, Luis Ángel Parra y Cecilia Stein, entre otros latinoamericanos, artistas como el cubano Rubén Torres Llorca, de quien se aprecia una obra de tono satírico, The fairest art collector of them all (el coleccionista más bello del mundo, en la que dos niños se miran a un espejo con esa leyenda). En la sección “notorios”, se hicieron presentes la diseñadora española Agatha Ruiz de la Prada y el cantante Juanes, que reside en Miami, así como los infaltables socialites de esta ciudad donde el arte serio y una singular extravagancia de sabor latino se entremezclan. Tampoco faltaban personalidades del planeta anglo, distintivo de Coral Gables.

Al ingresar a la residencia, el invitado recibe un inventario de las obras que encontrará y se entrega así a recorrerla a su aire, guía en mano: en esta casa, la idea de mansión está dada por la acumulación abigarrada de obras más que por las dimensiones del espacio. No tiene paredes ni rincones vacios, todo está entregado a las obras, sin consideraciones de estilo ni contexto. En un rincón del cuarto, una silla cementada de la colombiana Doris Salcedo; en una pared la bella tela Untitled with menace,con diminuto pingüino que la mira, de Liliana Porter, que es la favorita de Pérez este año.

Mientras tanto, el desayuno gourmet transcurre en el patio exterior, con su espléndida panorámica del océano. Afuera no hay ruido de fiestas, solo pájaros que se paran sobre la pieza enorme de Fernando Botero y la ilusión de ver asomar en el agua la cola de un manatí cerca del embarcadero. Los senderos del jardín son una declaración de los gustos y el espíritu de Pérez a la hora de coleccionar. El montaje irreverente, lejos del academicismo, que también cree en la diversión como principio del art, y así vuelve vecinos una masiva pieza de bronce de Giorgio de Chirico y el Doble yo (con doble cabeza de Pato Donald a modo de menhir precolombino), hecho en poliester, del artista bogotano Nadin Ospina.

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