Cruce de miradas. Rosario, la otra capital del arte

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Cruce de miradas. Rosario, la otra capital del arte

LA NACION, Daniel Gigena

Cuna de artistas. La ciudad santafecina ofrece en el Castagnino+macro una novedosa forma de abordar la creación contemporánea. Marcos López ideó instalaciones con obras del patrimonio del museo, que incluye varias adquiridas en arteBA

López colgó una obra de Claudia Fontes sobre una amenazante cama de vidrios rotos.. Foto: Gentileza Marcos López

A estas alturas, anunciar que la colección de arte contemporáneo argentino del Museo Castagnino+macro de Rosario es una de las más destacadas del país es una verdad de Perogrullo. Posee más de 700 obras y, desde la creación en 2004 de la sede a orillas del Paraná, ha mostrado el trabajo de artistas como Nicola Costantino, Marcelo Brodsky, Mauro Guzmán, Marisa Rubio, Leopoldo Estol y Nancy Rojas, entre muchos otros.

Desde marzo, para iniciar los festejos por el 80° aniversario del Castagnino -creado gracias a una donación de la madre del pintor y crítico de arte Juan B. Castagnino a la ciudad de Rosario- las autoridades del museo decidieron convocar a un artista para intervenir parte del patrimonio.

A la hora de nombrar una muestra de doble faz, el Macro también indica una clara orientación de política cultural. Hasta el domingo próximo, Pública reúne en los siete pisos de los ex silos Davis, en la costanera de la ciudad, dos miradas sobre esa colección de arte contemporáneo. Una de las miradas es institucional y la otra, individual y foránea, aunque quizás no tan foránea. El artista invitado para hacer ver su mirada a través de las obras del Macro es el santafesino Marcos López (1958).

Retablos profanados

“La propuesta fue simple –cuenta López, mentor del sub-realismo criollo-. ‘De las doscientas obras de arte contemporáneo podés elegir las que quieras para armar una exposición’, al menos eso fue lo que yo escuché. Me mandaron un PDF para que eligiera las obras, y luego hice varios viajes para contactar ‘físicamente’ con la colección. Cada vez que entraba al depósito, era como un niño hijo de ricos, consentido, que quiere comprar todo en una juguetería.”

Esa manera lúdica se filtra en las intervenciones de López, que rozan tanto el batiburrillo como la ilusión óptica, el retablo profano y la performance. “Mi modo de crear, de armar proyectos, se ajusta a la consigna ‘Más es más’; en vez de sacar, agrego –señala–. Trabajo con el exceso. Luego la realidad, los presupuestos, los tiempos se encargan solitos de acotar.”

La muestra se comprende mejor si se la recorre de arriba abajo. Como se dice allí, bajar es más fácil. Los pisos 6, 5 y 4 del Macro están asignados a la “mirada” del museo, también hecha pública para los asistentes. Varios proyectos especiales conviven en esos segmentos. Obras de Gustavo Romano, Juan Stoppani, además de la hermosa instalación de Verónica Gómez que rinde tributo a Fernando Fader, merecen una visita atenta. Para ver a la distancia las capturas del cielo que inspiró a Manuel Belgrano en su creación de la bandera argentina (obra de Romano), clic en www.castagninomacro.org/gustavoromano.

Rosa chicle

Desde el tercer nivel comienza a reinar la mirada de López. Trabajos de Claudia Fontes –artista que representa a la Argentina en la 57a Bienal de Venecia–, Santiago Porter y Marcos Zimmermann se exponen entre detalles de las obras, versiones y fragmentos que migraron desde la muestra de López en el CCK hasta Rosario. Allí trabajó con el equipo del taller de pintura El Hurón Rojo, del artista Sebastián Pinciroli, que cuenta con más de cien asistentes. Ellos hicieron copias casi idénticas de Piedra lunar, obra de 1985 de Ernesto Deira, y pintaron en escala descomunal Torre, obra de Roberto Aizenberg, tanto que allí, en la planta baja del museo, los asistentes pueden entrar en la obra y usarla como fondo de selfies.

“Hay un piso que se podría llamar ‘Arte rosa chicle-purpurina china-palangana plástica’, que tiene que ver con la estética del Centro Cultural Rojas de los años 90 y cierto pop art criollo –dice López sobre la Sala 2-. Las obras se iban juntando solas unas con otras como si estos mismos artistas, que eran todos amigos entre ellos, se sentaran juntos durante una cena de casamiento. Uno trata de sentarse al lado de la gente afín, con quien sabe que se va a divertir.”

Algunos de los invitados a esa boda son Jorge Gumier Maier, Marcelo Pombo, Alberto Goldenstein, Feliciano Centurión (del que se exhibe una de sus inolvidables frazadas), Omar Schiliro, Fabio Kacero, Benito Laren y Sergio Avello. Con ese patrimonio próximo, López crea una distancia irónica sobre el arte pobre, ornamental y tierno de esa década, signada por los fantasmas del sida y la pauperización de la vida en la Argentina. “Yo elegía las obras y escuchaba las voces de los artistas: las risotadas de Liliana Maresca, la voz aguda y los chistes irónicos de Gumier Maier…”, cuenta el creador del pop latino.

Un vidrierista suelto en Rosario

“Pienso que esta muestra es un work in progress de la exposición que hice en 2014 en la Sala Cronopios, Debut y despedida, y de la reciente Ser Nacional en el CCK, donde me tomé el atrevimiento de extender retratos de Antonio Berni y de Pablo Suárez en la pared”, indica López. En Rosario, otras obras se prolongan, acaso con el espíritu maximalista de los avisos publicitarios en las rutas que atraviesan la pampa gringa.

“Es un homenaje a artistas que me han inspirado, que me han influenciado y con los que he compartido una época –reflexiona López-. Cuando armábamos las salas, me sentía el vidrierista de las grandes tiendas Falabella o Gath & Chaves. Trabajé con el concepto de un decorador de interiores. El peso dramático, lo trágico, el concepto, el mapa de ilación histórica se van dibujando solos. Las imágenes, las texturas, las formas se van acomodando .”

Tanto es así que Pública opera como un palimpsesto. Muestra de muestras, revisa un concepto –el de arte contemporáneo–, además de una institución conservadora como el museo e, incluso, la figura del artista. ¿Cuál es la diferencia entre un Deira falso y el original? ¿Es Entreacto, la escultura de Claudia Fontes elegida por López, una obra nueva con el colchón de vidrios rotos puesto debajo?

“Consultamos a cada artista si le parecía bien que ‘interviniera’ su obra con otros materiales –cuenta López-. En algunos casos, como en la obra de Fontes, que es una persona enrollada en un colchón, le construí una cama de vidrios rotos abajo. El conjunto, para mí, forma una nueva obra. Todavía no me puse a pensar en el tema. No sé si cuando termine la exposición a la cama de vidrio la tiramos a la basura o se guarda como una obra.”

Mientras tanto, López viene de presentar en la Feria del Libro de Buenos Aires sus dos libros más recientes. Verdad consecuencia (Interzona), que agrupa textos publicados en redes sociales, y la reedición de Pop latino, un hit de La Marca. El viernes próximo, a las 20, en su ciudad natal ofrecerá una charla en la Sala Saer. El título elegido para el encuentro dice algo sobre la poética del artista: “Doble discurso”.

“El proceso de trabajo lo estoy plasmando en un documental llamado Academia de copia y tiene que ver con el placer de pintar y no pensar en la originalidad. Charlar, tomar mate, pintar y olvidarse de los problemas de la vida.” ¿Todo dicho? No todavía.

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