Stupia, en el Fortabat

Entrevista

Eduardo Stupía: “El arte es materia, conflicto, filosofía y política”

El maestro del dibujo sutil presenta una exposición en Fundación Fortabat, donde muestra pinturas y grabado. Aquí habla de sus influencias y de sus ideas.

Eduardo Stupía: "El arte es materia, conflicto, filosofía y política"

Trazos finos. Stupía, en la Fundación Fortabat. Es un artista que se emcuentra en diálogo con otros: galeristas, creadores, poetas. /Néstor García

La obra de Eduardo Stupía contó desde temprano con la complicidad de sus seguidores, que sin mayores resistencias se fueron allanando a los ajustes de foco que les fue proponiendo a lo largo de los últimos treinta años. Maestro sutil del dibujo, hubo un tiempo en que se apoyó en la línea para sugerir fascinantes travesías a escala microscópica y momentos -más recientes- en que se lanzó a explorar el vasto territorio del trazo pictórico, la superficie contaminada por la mancha y el carbón, al tiempo que sus trabajos progresivamente se aventuraban a la lógica de dimensiones mayores como las tres series que presenta ahora en el Museo Fortabat y justifican el título que exhibe: Panorámicas.

Se trata, por un lado, de ocho pinturas que presentó en formato mural en Montevideo en 2015 y dos series de grabados que realizó entre 2013 y 2016 en Madrid, en el estudio de impresión de Adam Benveniste. Sofisticado taller que le permitió combinar las técnicas del aguafuerte, la punta seca y el monotipo, pero sobre todo llevar cada una de las trece piezas de esta serie a la infrecuente escala de 70 por 90. La orientación longitudinal de la sala, oportunamente rediseñada por la curadora Verónica Gómez, refuerza la importancia del espacio en este giro que afirma el más reciente rumbo asumido por el artista y al mismo tiempo recupera el trazo fino y abigarrado que caracterizó su obra de los años 80 y 90.

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Lo que más me gusta de esta muestra es que puede ser considerada como un ensayo de convivencia de lenguajes.

Eduardo Stupía

-Hay algo de la apertura pictórica de grandes dimensiones en la que te embarcaste en los últimos años que fue cuestionado por tus seguidores, fanáticos del curso minucioso de la línea y la pluma.

-Si, si – se ríe- los fanáticos de la secta de la pluma, que, por suerte, son cada vez menos. Creo que se debe a una fascinación con lo microscópico que yo también tenía. Frente a una trama aparentemente indistinguible era muy atractivo acercarse y descubrir allí un montón de situaciones. Duró hasta que yo mismo me empecé a cansar de esa microscopía; de esa idea de que la gente tenía que descubrir cosas. Cuando empiezo a dibujar con pincel todavía en formatos pequeños todo se vuelve más voluble y empiezo a retirarme de la precisión narrativa. Empiezo a descubrir el lenguaje propiamente dicho. No sólo por la representación en sí misma sino por toda una variante de tramas.

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Dejarse influir. Stupía con Luis Felipe Noé, al que considera una influencia decisiva. /Néstor García.

-Aquí pareciera estar todo expuesto en saludable convivencia.

-En cierto sentido, y para mi sorpresa, esta muestra repone de algún modo la convivencia del trazo afiligranado, dibujístico y minucioso con lo más pictórico, lo más gestual. También entiendo que al ver la filigrana en estos grabados el espectador que me conoce recuerda aquella obra de los 80 y 90. Yo también los recuerdo pero no de una manera melancólica, lo recuerdo pragmáticamente.

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Me tiene sin cuidado el fanatismo autoral. Uno siempre está constituido por gente que lo marca. Yuyo Noé ha sido clave.

Eduardo Stupía

-¿A la manera de un contrapunto dentro de tu propio recorrido?

-Justamente, como recuperación de distintos modos de hacer.

-Es interesante que el grabado te haya permitido hacer convivir esos dos momentos de tránsito del dibujo a la pintura en tu trayectoria. De algún modo, la monocopia expone el modo más pictórico que trabajaste en estos últimos años. El aguafuerte y la filigrana caracterizaron al Stupía de los 80 y 90.

-Tenés razón. Cuando abordo la monocopia lo hago de un modo muy diferente de como lo hubiera hecho hace treinta años. Entonces hubiera sido más crudo y seguramente más naif. Otra cosa es abordar la monocopia una vez que uno ha explorado diferentes operaciones en el plano más pictórico. Hoy estoy más entrenado en aquello que la monocopia exige, que es una especie de instantaneidad muy inconsciente que te pone frente a lo que no podés corregir. Lo que más me gusta de esta muestra es que puede ser considerada como un ensayo de convivencia de lenguajes.

Eduardo Stupía: "El arte es materia, conflicto, filosofía y política"

Búsqueda. Una de las obras de Stupía. /Néstor García

¿Dirías que se expone una suma de procesos recientes y distantes que te pusieron frente a un camino exploratorio de escalas, lenguaje, diferentes medios?

-Si, decididamente. Creo que en los últimos diez años, coincide con el momento en que empecé a trabajar con (el galerista) Jorge Mara y me propone formatos peculiares para la galería. Esos formatos me proponen un cambio de escala en el lenguaje, lo que a su vez me lleva a otros formatos porque claramente estos grabados derivan de los lienzos de dos por tres que Jorge me pide. De algún modo, este formato panorámico a mí se me revela cuando empezamos a trabajar los formatos de dos por tres. Me pasa que en lugar de proyectar yo el formato a partir del lenguaje, los formatos me definían el lenguaje.

-Es curioso, porque la tradición romántica que consagró la autonomía del artista vería como un sacrilegio una intromisión semejante. ¿Sentís que lejos de ser así te planteó interesantes desafíos?

-Sí, claro. Las estéticas se constituyen en la discusión de los límites, no de las libertades. La libertad es un valor absoluto pero el arte no se maneja con valores absolutos, el arte es herramienta, materia, idea, conflicto, filosofía, política y todo el tiempo pugna porque aparezcan objetos lingüísticos en el medio de todo eso. Nunca es puro. Y en un sentido, no se trata de la intervención en sí sino de quién interviene.

-Agamben aborda esa cuestión en el mismo sentido y rescata específicamente la relación de Miguel Angel y Clemente VII, su mecenas, que en su opinión tenía una “excepcional comprensión del proceso artístico”.

-Si alguien se “mete” en mi obra de manera consciente proponiéndome un territorio que ve como una proyección que no he visto, bienvenido. Me tiene sin cuidado el fanatismo autoral. Uno siempre está constituido por gente que lo marca. En mi caso Yuyo Noé, ha sido una figura clave, también Gabriel Levinas en los 70 fue un tipo que me propuso un escenario fundamental y te podría nombrar muchos poetas amigos que de algún modo me han marcado a mí y a la obra.

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