Aldo Sessa en el Moderno: Cómo contar el mundo en 700 fotos

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Aldo Sessa en el Moderno

Cómo contar el mundo en 700 fotos

Presenta una selección de su inagotable archivo. Dice que sin pasión, que es algo irracional no hubiera podido sostener su obra. Y cuenta cómo captar el momento justo.

"El blanco y negro tiene una ventaja sobre el color, un poder de síntesis que te lleva a la esencia", explica. / Julio Juárez.

“El blanco y negro tiene una ventaja sobre el color, un poder de síntesis que te lleva a la esencia”, explica. / Julio Juárez.

El diez por ciento. Las 700 fotografías de Aldo Sessa que trepan de suelo a techo en la gran sala del subsuelo del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires son apenas el diez por ciento del archivo que durante 60 años construyó el fotógrafo, el diez por ciento de todos los contactos, copias y negativos que la directora del museo Victoria Noorthoorn revisó durante meses para realizar la exposición Archivo Sessa 1958-2018: 60 años de imágenes, una retrospectiva que cruza líneas temporales con ejes temáticos, donde las bailarinas del Teatro Colón conviven con los niños jugando sobre un vagón detenido y las mujeres birmanas con los simbólicos restos de un Mundial en plena dictadura. Desde géneros “convencionales” como el retrato hasta experimentaciones al límite de la representación, las 700 imágenes parecen horadar el límite de las cuatro paredes.

-¿Qué sorpresas depara volver sobre un archivo tan vasto y tan extenso en el tiempo?

-Me mueve mucho el piso, porque nunca tuve la oportunidad de ver tantas fotos mías en el marco de un proyecto. Hice exposiciones con un máximo de 300 fotografías, que ya es una cantidad muy grande. Pero esta memoria conjunta es fuerte, cuando te acercás a cada foto recordás cómo era el clima. Me deja con la sensación de deber cumplido. Porque un fotógrafo siempre vive entre sueños e ideas de hacer fotos nuevas, pasa el tiempo y vas perdiendo ese rastro, estás más volcado al futuro que al pasado. Yo trabajé muy fuerte toda mi vida. Recuerdo que cuando hice el libro Cosmogonías con Borges, él me dijo que estábamos juntos porque teníamos la misma vocación (el arte) y que después de esa experiencia yo habría adelantado diez años en mi carrera. Y era cierto. Probablemente avancé cincuenta años. Por eso mismo nunca más perdí tiempo, no volví a vivir un año de trabajo de sólo 365 días. Borges me habló de la vocación, pero después de haber hecho tantas cosas pienso que no es suficiente, si vos no tenés pasión, que es una cosa más irracional, no podés hacer semejante esfuerzo. Yo hice lo que pude y me complace.

-Por la dimensión del archivo, imagino que fotografiar es una pulsión…

-Es una obsesión muy grande, pero también me sirvió algo que me dijo Bradbury cuando vino: él reservó un día de su agenda para venir a mi estudio, y cuando entró me dijo con cara de pícaro: “Aldo, anoche hablé con Dios, y me dijo que si cumplimos con nuestra misión en el mundo tenemos todo perdonado”. Yo siempre tuve una sensación de misión, de que voy a hacer esto hasta la muerte. Esa es la sensación que tengo al ver todas estas fotos.

Parque Saavedra, Buenos Aires, 1962. / Archivo Aldo Sessa.

Parque Saavedra, Buenos Aires, 1962. / Archivo Aldo Sessa.

-Entre decenas de tomas realizadas, ¿qué es lo que distingue “la” foto?

-Es el momento más preciso en el cual se puede penetrar, algo leve, atemporal pero que vos lo sentís. Una noche le hice fotos a Sandro, vino por media hora y se quedó hasta las tres de la mañana. El había hecho mucha fotonovela, entonces tenía muy buenas expresiones y además iba directamente al éxtasis. Hice 300 fotos buenas, pero tres eran las fotos claves, ese es el grado de filtrado de una sesión de fotos.

-¿Es necesario vencer el pudor para sacar la cámara en esas situaciones de pequeña intimidad cotidiana como las que refleja su serie de la vieja Buenos Aires o el Teatro Colón?

-Sí. Tengo un par de teorías. Una es la amable: si intuyo que una persona me va a decir que sí, pido permiso. Pero cuando tengo la duda de que pueda decir que no, saco la foto y después hablamos. Es algo que hay que aprender alguna vez. Yo lo aprendí con mi amiga la fotógrafa Liz Steiner que una vez mientras sacábamos fotos me dijo: “Vos tenés que dejar de lado la educación y darte cuenta de que en cualquier lugar del mundo tenés que poner una pierna para que no se cierre la puerta. No pedir permiso para entrar”.

La Boca, Buenos Aires. 1959. / Archivo Aldo Sessa

La Boca, Buenos Aires. 1959. / Archivo Aldo Sessa

-¿Hay alguna de estas series por la que sienta especial afecto?

-Por suerte nunca hice cosas que no me gustaron hacer. Siempre he fotografiado con felicidad cosas que me interesaban. Entonces no puedo decir si una foto me gusta más que otra. La historia detrás de cada foto es una historia de romance con el objeto que tenés delante de la cámara. Es una vivencia muy intensa. Entonces te diría que me siento muy cómodo con lo que está acá adentro.

-Es frecuente asociar su nombre a la fotografía blanco y negro pero en la muestra también hay en colores…

-Estudié pintura desde los ocho años, me formé como pintor y lo hice profesionalmente durante 30 años. Hice muchísimas muestras. En mi juventud también me interesé mucho en el cine, Fellini, Passolini, Lelouch, Bergman… Yo observaba la fotografía porque me encantaba la composición. Mis primeras fotos fueron muy inspiradas por la visión de Antonioni, por ejemplo. Cuidaba mucho la impronta lumínica de la foto. No usaba cielos celestes, esperaba el día nublado, la niebla, la lluvia… esperaba esa atmósfera más neutra, más monocromática… soy una persona a la que las cuestiones de composición le influyen mucho. Pero el blanco y negro tiene una ventaja sobre el color, tiene un poder de síntesis que te lleva a la esencia misma. No hay ningún elemento que perturbe. Entrás directo a lo que ves, le eliminás el cincuenta por ciento de los conflictos. También es verdad que el blanco y negro está más valorizado en el circuito fotográfico internacional.

Buenos Aires, 2010. / Archivo Aldo Sessa.

Buenos Aires, 2010. / Archivo Aldo Sessa.

-¿Cuál es esa esencia fotográfica de la que nos distraen los colores?

-La esencia es que cada foto te haga un click, que vos digas ah, qué raro, qué interesante, qué misterio, qué felicidad, qué dolor…La belleza no es la cara linda, es también una persona muy anciana y muy humilde rodeada de lo que es significativo para ella, es un equilibrio de cosas.

-Trabajó siempre cerca de la literatura y de grandes escritores. ¿Cómo es la relación entre texto e imagen?

-Es la gran conjunción, un antiguo compartir entre artistas. Aprendí mucho de ellos. Cuando hice el libro de los árboles con Silvina Ocampo empecé a mirarlos desde otro ángulo. Yo saqué una serie de fotos de un manto de flores de jacarandá sobre el pedregullo anaranjado y ella me dijo: “No sólo los árboles son árboles, también lo son las flores en el pedregullo”. Ahí rompí con esa forma de hacer árboles como los hacemos en la escuela. Empecé a ver otros seres: troncos, cortezas, árboles deteriorados, trasplantados, caídos por la tormenta, reflejados, y de tantas otras formas. Y los adoro.

Una exposición, varios recorridos

“Quería que el público entendiera en un sólo golpe de ojo la vastedad de esta obra”, explica Victoria Noorthoorn, directora del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires y curadora de la muestra. Con las cuatro paredes cubiertas de imágenes, al entrar a la sala el impacto físico es un objetivo cumplido.

Imprimir orden a un número tan alto de imágenes no debe haber sido tarea fácil: cada pared concentra de forma precisa los ejes temporales y temáticos en los que la muestra organizó el archivo. Y mientras a la altura de los ojos se trama un relato más o menos cronológico que pasa orgánicamente de los paisajes de Buenos Aires a las bambalinas del teatro y de ahí a los retratos, los viajes y las experimentaciones, otros tiempos se abren hacia arriba y hacia abajo de la línea central y crecen para permitir énfasis, sinergias y contrapuntos entre las fotos. Para la antesala de la muestra ha quedado lo que Noorthoorn llama “la contracara del archivo”: los catálogos de muestras, la correspondencia con Manuel Mujica Láinez, Borges y Silvina Ocampo y, entre otros materiales, una serie de polaroids.

 

Nueva York, Estados Unidos, 2012. / Archivo Aldo Sessa.

Nueva York, Estados Unidos, 2012. / Archivo Aldo Sessa.

Archivo Aldo Sessa 1958-2018: 60 años de imágenes.

Visitas: Martes a viernes, de 11 a 19. Sábados y domingos, de 11 a 20. Entrada: $ 30.

Un comentario Agrega el tuyo

  1. Miriam Tello dice:

    Inigualable lo de Algo Desde. Un legado fotográfico.

    Me gusta

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