Chiachio & Giannone, arqueólogos

El dúo de artistas rinde homenaje en la galería Ruth Benzacara mujeres que dejaron huella en el arte textil

Julio Sánchez, LA Nación

El ingreso a la galería Ruth Benzacar parece hoy una tienda de la década de 1950. Un cartel espejado con letras doradas y tipografía art décoanuncia: Chiachio & Giannone. Tres vitrinas de madera y vidrio curvo resguardan floreros decorados y un laberinto de cortinas de voile estampadas permite el acceso a la sala central, donde se exhiben las obras textiles de este dúo. El conjunto se denomina Arqueología suave e incluye instalaciones, cerámicas, textiles y objetos.

¿Quiénes son los artistas? Leo Chiachio nació en Banfield, en 1969, y Daniel Giannone en Córdoba, en 1964. Se conocieron en el año 2003 y desde entonces fueron pareja en la vida y en el arte. Incursionaron en la pintura, aunque más tarde decidieron “bordar como si pintaran con agujas e hilos” e incursionar en otras técnicas y materiales como la porcelana, la impresión textil y el grabado. Además de trabajar de a dos, han realizado proyectos en colaboración con otros artistas, artesanos e instituciones varias. Ambos suelen estar presentes en la galería para recibir al público, vestidos con guardapolvos marca Ombú, como si fueran los dueños del boliche.

Obra de Chiachio y Giannone exhibida en Ruth Benzacar
Obra de Chiachio y Giannone exhibida en Ruth Benzacar. Foto: Celina Chatruc

Un artista con dos cabezas

Lejos de la violencia militante de algunos grupos feministas (como las históricas Guerrilla Girls y otros tantos colectivos de acción), estos artistas se arremangan los puños para emprender una tarea de rescate histórico de mujeres de un talento desbordante, olvidadas u opacadas por sus pares masculinos. Entre ellas, Elena Izcue, Benita Koch-Otte, Gunta Stölzl, Ida Kerkovius, Otti Berger, Sheila Hicks, Ise Gropius, Anni Albers, Ruth Holló y Margarete Bittkow- Köhler.

Esto es justicia y homenaje, a la vez que plantea una cuestión aparentemente irresoluble: ¿importa el sexo o la orientación sexual en el arte o son límites que la obra debe trascender? Sin ir más lejos, en el curso de este año y en nuestro país han sido frecuentes las quejas de mujeres argentinas excluidas de premios.

Chiachio & Giannone se han definido como “un artista con dos cabezas y cuatro manos”. En la Argentina son excluidos de todos los premios porque sólo se admiten individuos, no parejas ni colectivos de trabajo. ¿Es hora de abolir el individualismo? Los fotógrafos franceses Pierre et Gilles y los británicos Gilbert & George no tendrían cabida en premios con esta reglamentación.

En 2013, Chiachio & Giannone obtuvieron el Segundo Premio de la Ciudad Internacional de la Tapisería en Aubusson, Francia, con la obra La familia en el alegre verdor. El premio es un honor mayúsculo para cualquier artista dedicado al textil: ver la obra tejida por la antigua casa de Aubusson, que desde el siglo XVII se dedica a confeccionar tapices con un técnica propia. La obra tiene como protagonista a dos personajes mitad guaraníes, mitad urbanos, sentados sobre un sillón y sosteniendo a su hijo/mascota, un perro salchicha. El grupo emerge de una selva abundante y espesa, acompañado por monos, papagayos, flores y guirnaldas ornamentales. Evoca el barroquismo del paisaje y de la literatura latinoamericana.

Obra de Chiachio y Giannone en Ruth Benzacar
Obra de Chiachio y Giannone en Ruth Benzacar. Foto: Celina Chatruc

Pompeya

Estos artistas encuentran inspiración en la historia del arte. Visitantes compulsivos de museos de cuanta ciudad recorran, conocen y gozan de las obras de primera mano. Cuando llegaron al Museo Arqueológico de Nápoles, quedaron fascinados ante los murales y mosaicos pompeyanos.

Ahora, sobre la pared más visible de la galería Ruth Benzacar cuelga un políptico textil de cuatro paneles. La tela está teñida, estampada y bordada con varias técnicas. Incluye sus infaltables autorretratos acompañados de un repertorio de pájaros, monos y plantas al estilo pompeyano, y también camafeos y simulacros de muros descascarados.

Con cierto humor, el artista rubio -Giannone- está representado como un César, coronado de laureles y con anteojos rojos, mientras que el morocho -Chiachio-, también con corona triunfal, usa una barba que hubiera disgustado al más liberal de los romanos.

La cita a los diseños textiles de artistas mujeres opacadas por el patriarcado se cuela en todas las telas. Tentada por la técnica del mosaico, la pareja no pudo traicionar su amor por el textil y llegó a una solución intermedia: el mosaico textil. ¿En qué consiste? En recortar cuadraditos de tela teñido en diferentes graduaciones de color y pegados sobre un soporte textil. No faltan las máscaras de la tragedia y la comedia ni Piolín, el hijo encarnado en un perro.

Obra de Chiachio y Giannone exhibida en Ruth Benzacar
Obra de Chiachio y Giannone exhibida en Ruth Benzacar. Foto: Celina Chatruc

Viejos (no) son los trapos

El concepto de patchwork está presente en muchas obras. Se potencia en una pared donde se ubican varias telas (gobelinos, tapices) con la memoria del uso y del tiempo. No menos kitsch es el repertorio iconográfico: hay un tucán, gatitos, un bambi, un ciervo, un elefante de la India y un oso panda comiendo bambú. Todo es “primoroso” y esas carpetas, caminos de mesa y fundas de almohadón podrían estar en la casa de un personaje de Manuel Puig, especialmente en Boquitas pintadas. Todas las telas están interferidas por diferentes técnicas de bordado, que evoca la obra de mujeres que dedicaron su vida al arte textil. Los artistas no buscaron hacer réplicas de los diseños, sino que recrearon a su manera cada uno de ellos.

Obra de Chiachio y Giannone exhibida en Ruth Benzacar
Obra de Chiachio y Giannone exhibida en Ruth Benzacar. Foto: Celina Chatruc

El arte de sublimar

Un laberinto de cortinas colgadas del techo funciona como un juego para el espectador que quiere perderse y tocar sin prohibiciones. Están confeccionadas en tela voile, usadas y rescatadas de hogares que le dieron uso en las décadas de 1960 y 1970.

Hay una en especial, apartada y bordada, cargada de historia personal. Fue la que primera que tuvo Giannone cuando llegó a Buenos Aires desde su Córdoba natal, en un momento en que ni pensó en ser artista, mientras trabajaba como contador en una empresa.

Las cortinas del laberinto están estampadas con una técnica de transferencia de imágenes llamada “sublimación”, que consiste en aplicar una placa de color y una plancha caliente sobre la tela. La palabra no puede ser más poética. Se usa en el psicoanálisis y en la alquimia, proviene de la física y define el paso del estado sólido al gaseoso.

Los artistas repiten el estampado una y otra vez, hasta que el color se va atenuando y casi desaparece. Un correlato de cómo la memoria fue olvidando a las mujeres que ambos artistas quieren rescatar del olvido.

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