Yuyo Noé regresa con su arte a París

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Yuyo Noé regresa con su arte a París

“Résonance” es la muestra que reúne  creaciones del gran pintor y trabajos de su hija Paula Noé Murphy.

María Laura Avignolo, para Clarin.com

Luis Felipe “Yuyo” Noé volvió a París. Fue para inaugurar Résonance, una exposición junto a su hija Paula Noé Murphy en la Galería Argentina,con una obra nueva, gigante, que pintó sobre una mesa de comedor en la casa de una amiga francesa. Testigos y testimonios es un acrílico sobre tela, con más de setenta personajes y valuada en 75.000 euros. Padre e hija se reúnen en una muestra singular, sin las fotografías de Gaspar, su hijo cineasta, que ese día estaba filmando. En medio de una nube de amigos y admiradores, él personalmente mostró al maestro Julio Le Parc su obra en un reencuentro emotivo.

Pintor, escritor, filósofo, periodista,crítico de arte, Yuyo Noé llegó a Francia con el caos a cuestas. Una teoria del caos que pensó en los años 60, pero que ha ido modificando frente a un mundo realmente imprevisible que ha reconceptualizado el suyo. ”Una palabra tan temida como seductora”, dice este octogenario con un sueño. Otros cuatro o cinco años más “para producir lo mejor de mi obra”.

-¿Y ahora, a los 85 años, qué quiere hacer con la pintura?

-Ahora me divierto mucho con la pintura. Ya no estoy buscando. Estoy conociendo respuestas recién ahora. Creo que así como la música es casi un fenómeno de juventud, la pintura es de la vejez. Admiro a muchos pintores en su vida de viejos: Tiziano, Monet, Matisse…estoy seguro de que en un tiempo no más, voy a hacer mi mejor obra.

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El vernisagge fue un éxito en la Galería de la embajada argentina de la rue Cimarosa. Yuyo (‘Yuyu’, para sus amigos franceses) lo disfrutó. Y al otro día se sentó con Clarín para explicar su última visión del caos y sus próximos proyectos.

“Vine con unas obras chicas, papeles, con el rollo en la valija; Paula y su amiga me hicieron dar cuenta al llegar que tenía que hacer una obra grande, algo que me representara. Y Cécile, que tiene un departamento normal, me ofreció que pintase ahí. Lo pinté sobre la mesa del comedor y sobre otra pequeña mesa. Pero como es una tela sin bastidor, es una sábana vieja de lino, la tomé como tal para hacer pliegues e hice de manera informal lo que últimamente estoy haciendo con bastidores. Esto es un poco la razón de esta exposición”, contó el gran artista.

-Es una obra feliz. Se siente el color, la fuerza.

-Se llama Testigos y Testimonios, es una mezcla de arte figurativo, muy figurativo en los detalles. Hay como setenta personajes. Pero tiene un ritmo totalmente abstracto. Eso es lo que me interesa desde hace tiempo. El color siempre me ha interesado. Lo que pasa es que uno es feliz cuando siente que algo fluye. Y esta obra fluía.

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-La inspiración no existe para usted.

-No. No hay una inspiración. Pero hay fantasmas que te vuelan la cabeza y en un momento se van concretando. Yo creo que vale más el trabajo que la inspiración. Y en ritmo, uno va pensando algo, va concretando una obra. Esa obra es un paso de otra obra, y esa otra es un paso de otra más. Son como huellas en el camino.

-¿Por qué esta irregularidad en su obra y estas texturas rugosas?

-Hay preguntas que pueden invertirse. ¿Y por qué esa regularidad? ¿Por qué todo tiene que estar encerrado en un rectángulo, en un cuadrado o en un círculo? La vida no está encerrada. Se abre y es lo que me interesa.

-¿Y el uso del color? Usted usa esos trazos fuertes, colores fuertes.

-Porque soy el pintor. Es decir, siento el color. Pero los primeros cuadros que empecé eran oscuros y salía la luz de atrás. Era una época en que admiraba mucho, y sigo haciéndolo, a Goya. En ese momento me interesaba la luz que venía del fondo. Hay mucha gente que, cuando habla de la pintura de los años 60, cree en eso. Pero ya en el 62 rompí con eso. Yo creía que era de vanguardia y vendí toda la exposición de un saque. Entonces ahí empecé a buscar posiciones, rupturas y demás. Y ahí dejé de vender. Pero me mantuve con la pintura.

-En este momento está trabajando con su hija en París. ¿Cómo es ese desafío?

-Ella tenía dos trabajos hechos y yo los traje de Buenos Aires. No estuve trabajando con ella. Incluso lo que hice acá en París, lo hice en la casa de una amiga. A veces hago obras dialogando con la otra persona. A mí me gusta el diálogo de hacer una obra. En Buenos Aires había organizado, al poco tiempo del fallecimiento de mi mujer, una exposición en homenaje a ella con mis dos hijos. Gaspar también participaba con fotografías. Y después volví a hacer una exposición con ellos. Esta vez es sólo con Paula.

-Está de nuevo en París. Está en Buenos Aires, en Nueva York pero siempre vuelve a París.

-Yo viví en París. La vez pasada estaba leyendo una referencia bibliográfica sobre un libro que abarca las transformaciones entre el año 62 y la actualidad en Francia. Justamente llegué en 1961, con Jorge De la Vega. Al poco tiempo vino Nora, mi mujer, con Paula, que tenía dos años apenas cumplidos. Me quedé hasta 1962. Me fui a Nueva York. Y en 1968, volví a Buenos Aires. En 1976 regresé a París y me quedé hasta 1987. Mis hijos Paula y Gaspar decidieron quedarse aquí. Tengo nietas francesas, Eloise y Clio.

-Su vínculo con París es más fuerte que su vínculo con Nueva York ?

-No. Yo de París nunca estuve enamorado. En cambio de Nueva York sí lo estuve. Me apasionaba. Era una época muy especial. Era la época de los hippies, del nacimiento del pop art, de la resistencia de la Guerra de Vietnam. Cuando oigo hablar mucho de París del 68, yo creo que hay que hablar de Estados Unidos del 67 y del 68. A París la siento como un eco.

-¿El mayo del 68 francés fue de alguna manera infantil?

-Siento que fue un eco de lo que se estaba preparando en Estados Unidos con la Guerra de Vietnam. Y además con teóricos. En ese momento escribí un libro, que después no publiqué, que se llamaba El arte entre la tecnología y la rebelión. En realidad tenía dos autores que me inspiraban: McLuhan, por el lado de la tecnología, y Marcuse, por el lado de la rebelión. Ya en los años 70 me di cuenta que ese espíritu de rebelión me pasaba. Pero estaba en Argentina y no era posible publicarlo. Ahora hay amigos jóvenes que me impulsan a hacerlo.

-¿Cómo se lleva con las nuevas tecnologías en el arte?

-Soy analfabeto en este momento. Yo no puedo manejar la computadora. Lo que siento es lo que me ha enseñado la tecnología como cosa sensible. Lo más interesante de la tecnología es el concepto de red. Todo se abre, todo se dispersa y es un poco una nueva versión del caos en cierto modo. Una de las cosas más interesantes de la supuesta globalización es el nacimiento de las posiciones nacionales. Ese fenómeno me parece de sumo interés. Y eso lo que me influye en mi obra de dispersión y al mismo tiempo, ruptura y oposición.

-En la Argentina hubo una regresión setentista, que terminó cuando se fue Cristina Kirchner. ¿Qué visión tiene de los años 70 que vivió?

-En el 70 comienza una crisis mía, justamente porque siento que se pintan una cantidad de cosas. Pero seguía pensando lo que pensaba. Y entré en crisis personal porque yo no estaba haciendo pintura con eso. Los años 70 son dolorosos, años de desconcierto.

-Estuvo diez años sin pintar.

-Hice terapia un año, mientras hablaba, dibujaba. Y esos dibujos me sirvieron mucho para volver a hacer muchas cosas, después en los años 70. Quizá lo presente este año.

Paula Noé Murphy eligió el arte como una opción vital

Yuyo Noé regresa con su arte a París

Felipe “Yuyo” Noe y Paula Noe Murphy. Padre e hija exponen en la Galería Argentina en París./Noel Smart

Paula Murphy Noé repite la experiencia expositiva con su padre, esta vez en en la Galería Argentina en París, y sin su hermano cineasta Gaspar Noé. Sobre una base de fotos, ella pinta en un diálogo con las obras de Yuyo, pegadas a las suyas.

La artista cuenta que la enriquece exponer con su padre. Aunque no hagamos cosas en común, se establece un diálogo en el momento de exponer. Y ese diálogo entre las obras es también parte del diálogo familiar”.

Su hermano Gaspar siente a su padre como un amigo. Pero Paula no lo siente así: “Mi hermano tenía tres años y jugaban como dos chicos, en la calle. Es una presencia protectora porque me enseñó a crear y compartir eso, también es protector, aunque no en el sentido tradicional”.

-¿Y cómo fue crecer en esa casa tan creativa, con abuelos intelectuales, con un padre artista?

-No vayas a creer que papá filosofaba así. Cuando yo era chica, eran épocas de pasiones. Yo me acuerdo de las disputas de toda la gente que venía a casa. Era un período muy álgido e interesante. ¡Más bien quería paz para la chica que yo era!

-¿Llegaste al arte como una opción inevitable?

-Desde muy chica escribía mucho, dibujaba mucho. Me la pasaba haciendo reseñas. Para mí era como respirar. Era el arte en todas sus formas. También la escritura, la artesanía, la pintura eran esenciales. No fue una opción. Es simplemente vital.

-En tu obra mezclas el acrílico con las fotos. ¿Cómo las explicas?

-Es una parte, no todo mi trabajo. Empecé a hacer instalaciones en el 2016 y a pintar y dibujar sobre las fotos. Mis pinturas son más abstractas, grafistas. Más inconsciente, sale a la luz por todo lo que es microbiológico, con una espiritualidad profunda no religiosa.

Opinión crítica sobre los argentinos

Yuyo Noé regresa con su arte a París

Maestros. Julio Le Parc y ‘Yuyo’ Noe en París. /Noel Smart.

Cuando vivía aquí, en París, tenía con Le Parc y otra gente un espacio llamado Space Latinoamericane. Tengo una amistad con Le Parc. Pero cada uno por su cuenta, haciendo cosas muy distintas. Hay un prejuicio sobre la amistad y las obras. Hay otro mecanismo que es simple: coincidir. Hice con el artista conceptual Horacio Zabala El arte en cuestión. Es un diálogo. Creo en el concepto, en la palabra. En Francia se dice “discuter”. En cambio los argentinos tenemos que discutir y mandar todo el tiempo a la mierda.

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